El año comenzó con un regular equipo, se había mantenido una plantilla base y se consiguieron algunos refuerzos que con el tiempo fueron convirtiéndose en figuras importantes. El diseño del torneo era largo, dos campeonatos para decidir tanto los cupos a la Copa Libertadores y Conmebol, como el campeón y subcampeón del fútbol colombiano.
Durante el primer torneo las cosas salieron muy normales, pero en el segundo semestre del año, cuando América de Cali se quedó por fuera de los cuadrangulares finales, pues había ganado la primera parte del año y ya tenía cupo seguro tanto a la final como a la Copa Libertadores, el Bucaramanga fue mejorando su nivel y convirtiéndose en gran protagonista del torneo.
El tramo final del campeonato estuvo lleno de emociones. En el último encuentro, estaba por definirse el equipo que iría a un enfrentamiento con el ganador del grupo A, Bucaramanga estaba en el B y disputaba con Millonarios esa posibilidad de asegurar el cupo a una competencia internacional.
El estadio Metropolitano fue el testigo mudo de la hazaña. Bucaramanga goleó 4-0 al Junior, hacía 35 años que ‘los tiburones’ no perdía por tan abultado marcador en su casa.
Fue una tarde para no olvidar. Había que ganar por 1, 2, 3, 4 o los goles que fueran necesarios. En Bogotá se jugaba la otra mitad de este partido, entre Millonarios, que estaba igualado en puntos con el Atlético y el Tuluá, que ya no tenía nada qué hacer.
La diferencia entre los búcaros y los embajadores era de un gol. Por eso, no era suficiente ganar sino hacerlo con holgura.
Millonarios derrotó al Tuluá 4-1. Mientras que el Atlético, con goles de Gustavo ‘Misil Restrepo’ en dos oportunidades de penal, Miguel Montañéz, de penal y Lucio España de larga distancia, consiguió el cupo para un torneo internacional. La tarde fue redonda, puesto que José Fernando Castañeda, constituido en ‘cerrojo’ del arco canario, le tapó un penalti a Bernardo Redín, impidiendo toda posibilidad del Junior de reaccionar.
Por el otro grupo se clasificó el Deportes Quindío, en los dos enfrentamientos, uno en cada ciudad, se definiría el acompañante de América a la Copa Libertadores, mismo que contra los ‘Diablos rojos’, que estaban descansando hacía ya dos semanas, disputaría la final del fútbol colombiano.
La gesta comenzó el miércoles 11 de diciembre en el ‘Alfonso López’. Bucaramanga derrotó 2-1 al Deportes Quindío con goles de Gustavo Restrepo, de penal, y Ballesteros. El visitante descontó con penal ejecutado por Marrero.
Aunque el sabor a victoria se sentía en el ambiente, jugadores y cuerpo técnico, encabezado por Carlos Mario Hoyos, obligaron a sus seguidores a guardar compostura hasta tanto no se desarrollará la ‘batalla final’ el domingo siguiente en Armenia.
Y llegó el día, el último encuentro se disputó en Armenia. Minuto 8. Marrero intenta penetrar el área del Bucaramanga, busca por todos lados y cuando ya se estaba internando, lanza el balón y éste golpea la mano de Montañéz. El árbitro Sanabria no lo duda: penal. Cobró Marrero y anotó el gol que ponía al Quindío en la final.
Sin embargo, En la última oportunidad, cuando la ilusión parecía irse y el corazón se quería romper por la tristeza, llegó el minuto 46 del segundo tiempo, apareció Orlando Ballesteros y puso la cuenta 1-1. El Atlético Bucaramanga, por primera vez en la historia, llegó a la final del fútbol profesional colombiano y a la Copa Libertadores de América.
A todo señor, todo honor
Se discutió mucho si la posibilidad que tenía el América de Cali de llegar descansado a los dos encuentros de la final, frente a un Bucaramanga que se había jugado cuatro verdaderas finales en los últimos 20 días, le daban ventaja a los caleños.
El grupo de ‘El flaco’ Hoyos lo tomó con tranquilidad, la hazaña estaba lograda, todo el país hablaba del Atlético Bucaramanga y su excelente campaña, la cual haría poner su nombre en diferentes puntos del continente en la temporada venidera.
Otros temas extrafutbolísticos como los premios por la final, el valor de los préstamos para el año entrante de algunos jugadores claves. En definitiva, los jugadores y el cuerpo técnico iban por un lado consiguiendo que todo les resbalara. Se anunció que la misma plantilla se mantendría a toda costa para la Copa Libertadores. Y entre la discusión de esos temas pasaron los días y llegó el 18 de diciembre, primer partido ante el América.
El Alfonso López estaba ‘hasta las banderas’, el juego comenzó y a los 18 minutos del primer tiempo, Javier Ferreira golpeó por detrás a Manuel Martínez y lo sacó del juego, una fractura de peroné lo trasladó de la cancha a uno de los centros asistenciales de la ciudad.
A la mente llegó la lesión de Wilmar Moreno, en el último encuentro frente al Quindío, cuando el jugador búcaro cayó mal y quedó con una delicada lesión en su rodilla que lo marginó casi 8 meses de las canchas.
El panorama se oscurecía, Bucaramanga se desinflaba, a pesar de que luchaba enconadamente. Y al final, cuando transcurrían 20 minutos del segundo tiempo, Leonardo Fabio Moreno, sentencia con su gol el 1-0 con el cual el América se marcharía para su tierra, dejando un mar de dudas en la cabeza de todos los aficionados del fútbol en Bucaramanga.
Se había perdido el invicto mantenido en casa con mucho esfuerzo, el que tenía al equipo en esa final. Ahora pensar en ir a Cali para cambiar la historia sin Moreno ni Martínez, era algo complicado.
En el segundo juego, disputado el domingo siguiente, América ganó 2-0 y se coronó campeón. Los goles fueron del Adolfo ‘Tren’ Valencia y Julián Téllez, miembros de un equipo que dirigía Luis Augusto ‘Chiqui’ García.
No hubo reclamos, no hubo sentimientos de culpa, nadie en la ciudad lloró. Finalmente, la estrella se la llevó el mejor de los dos equipos que llegó a la final, con un buen fútbol y en franca lid.
Además, el ‘premio de consolación’, no era nada despreciable. 1998 llevaría al Atlético Bucaramanga, a la Copa Libertadores, conformado el grupo uno con América de Cali y dos equipos ecuatorianos.
Tomado de Vanguardia Liberal